Almacenamiento y polifonía
Sin embargo, los clientes no estaban completamente satisfechos con el minimoog y los sintetizadores contemporáneos. Aunque los músicos ya no tenían que contender con un sinfín de cables para poder utilizar un sintetizador, todavía tenían que lidiar con numerosos potenciómetros y conmutadores antes de poder realizar algo tan simple como pasar de un sonido a otro. Además, los teclistas se aburrían tocando melodías monofónicas en los sintetizadores; querían tocar acordes. Aunque los teclados de voz dual que se conectaban a dos sintetizadores monofónicos ya estaban disponibles a principio de los años 70, los usuarios querían más.
En un intento por satisfacer estas demandas, emergieron dos escuelas de pensamiento en cuanto al diseño de los sintetizadores. Una primera aproximación consistía en asignar sintetizadores monofónicos independientes a cada tecla del teclado. Para ello, los diseñadores unieron los principios del diseño de órganos electrónicos con la tecnología de los sintetizadores. Aunque esta nueva variedad de instrumento era totalmente polifónico (todas las notas del teclado podían oírse simultáneamente), sus opciones de control no eran tan versátiles como las de un verdadero sintetizador. El primer sintetizador totalmente polifónico que integró este tipo de diseño fue el Moog Polymoog, comercializado en 1975. Desarrollado principalmente por David Luce, integraba 71 teclas contrapesadas y sensibles a la velocidad.
En la segunda aproximación a la generación de sonido polifónico, un sintetizador se asignaba a una tecla solo cuando esta se pulsaba (se trata, en realidad, de una semipolifonía). Y en 1973, la empresa estadounidense E-MU Systems presentó el Modular Keyboard System Series 4050, un teclado digital que podía conectarse a diez sintetizadores monofónicos como máximo, y que por tanto ofrecía una polifonía de diez voces. El problema de esta aproximación era que muy pocas personas disponían de diez sintetizadores, y el tiempo y los esfuerzos necesarios para programar un nuevo sonido eran un importante elemento de disuasión. La memoria digital todavía estaba por desarrollarse y, una vez más, la evolución de los sintetizadores semipolifónicos exigía unas cualidades que solo los teclados digitales podían ofrecer.
Estas mismas exigencias (ingeniería digital) terminaron por llevar hasta los sintetizadores que permitían almacenar sonidos. Sin la ayuda de la tecnología digital, los primeros intentos de almacenar sonidos incluyeron algunas soluciones insólitas. Por ejemplo, un sintetizador dotado de funciones de programación analógica exigía una fila específica que integrara todos los elementos de control del instrumento para cada ranura de “memoria”. En este caso, un interruptor selector accedía a uno de los numerosos paneles de control idénticos y lo conectaba al generador de sonido.
El primer sintetizador con ranuras de almacenamiento implementadas de esta forma fue el GX1 de Yamaha, del año 1975. Los elementos de control de las ranuras de almacenamiento del sistema eran tan pequeños que solo podían ajustarse utilizando destornilladores de joyería y otras complicadas herramientas, denominadas programadores y comparadores.
Hasta 1978 no se resolvió el problema. El sintetizador polifónico Prophet-5 de cinco voces, comercializado por la empresa estadounidense Sequential Circuits, fue el primer sintetizador del mundo con una función de almacenamiento global. Todos los ajustes de sus cinco sintetizadores monofónicos integrados se almacenaban en ranuras de memoria (40 en el modelo inicial). Además, los cinco sintetizadores compartían una única interfaz de usuario, lo que simplificaba las cosas considerablemente. A pesar de su elevado precio inicial, este instrumento se hizo extremadamente popular y se construyeron cerca de 8000 unidades hasta 1985. Además de su polifonía y de su memoria implementadas digitalmente, el éxito del Prophet-5 es atribuible a la calidad de su sistema de generación de sonido analógico.