
Precursores del sintetizador
La base de los sintetizadores electrónicos modernos data de finales del siglo XIX. En 1897, un inventor estadounidense llamado Thaddeus Cahill obtuvo una patente para proteger el principio que regía un instrumento llamado “telarmonio” o “dinamófono”. Con un peso de 200 toneladas, este colosal instrumento electrónico era impulsado por 12 generadores electromagnéticos propulsados por vapor. Se tocaba a tiempo real utilizando teclas sensibles a la velocidad y, sorprendentemente, era capaz de generar varios sonidos distintos de forma simultánea. El telarmonio se presentó al público en una serie de “conciertos” realizados en 1906. Bautizada como “telarmonía”, su música se conectó a la red de telefonía pública, dado que no existían en aquel tiempo sistemas de difusión pública.
En 1919, el inventor ruso León Theremin utilizó un enfoque bien distinto. Llamado como el hombre que lo ideó, el theremin monofónico se tocaba sin tener que tocar físicamente el instrumento. El sistema detectaba la proximidad de las manos del músico desplazándose en un campo electrostático situado entre dos antenas, y utilizaba esta información para generar un sonido. Esta técnica tan poco ortodoxa hizo que el theremin resultase muy difícil de tocar. Sus sonoridades extrañas y espeluznantes (pero casi invariables) lo convirtieron en el instrumento favorito de numerosas bandas sonoras de películas de terror. R. A. Moog, cuyos sintetizadores obtendrían posteriormente fama internacional, comenzó a construir theremins con 19 años.
En Europa, el francés Maurice Martenot diseñó el sistema monofónico de ondas Martenot en 1928. El método de generación de sonido de este instrumento se parecía al del theremin, pero en su primera encarnación se tocaba tirando de un cable hacia delante y hacia atrás.
En Berlín, durante los años 30, Friedrich Trautwein y Oskar Sala trabajaron en el trautonio, un instrumento que se tocaba presionado un cable de acero sobre una barra. Según la preferencia del músico, permitía una infinidad de tonos variables (muy parecido a un instrumento de cuerda sin trastes) o tonos en aumento parecidos a los de un teclado. Sala siguió desarrollando el instrumento a lo largo de su vida, un esfuerzo que culminó en el mixturtrautonio a dos voces en 1952. Con él compuso la música de numerosas películas industriales, así como la totalidad de la banda sonora de la obra maestra Los pájaros, de Hitchcock. Aunque la película no cuenta con una banda sonora musical convencional, todas las llamadas de los pájaros y el sonido de los aleteos que se escuchan en la película fueron generados mediante el mixturtrautonio.
En Canadá, Hugh Le Caine comenzó a desarrollar su salterio electrónico en 1945. El diseño de este instrumento monofónico se parecía al de un sintetizador, pero integraba un teclado increíblemente expresivo, que respondía no solo a la velocidad y el aftertouch de las teclas, sino también al movimiento lateral.
Todos los instrumentos descritos hasta el momento se diseñaron para tocarse en tiempo real. Sin embargo, relativamente pronto, comenzaron a desarrollarse instrumentos que combinaban generadores y secuenciadores de sonido electrónico. El primer instrumento de este tipo, denominado “Automatically Operating Musical Instrument of the Electric Oscillation Type” (instrumento musical automático de oscilación eléctrica), fue presentado por el dúo francés Edouard Coupleux y Joseph Givelet en el año 1929. Este híbrido unía la generación de sonido electrónico con un control mecánico de cinta perforada. Sus creadores abreviaron extraoficialmente su nombre, con lo que pasó a convertirse en el sintetizador Coupleux-Givelet; la primera vez que un instrumento musical recibía el nombre de “sintetizador”.
El término formalizó en 1956, con el debut del sintetizador electrónico Mark I, de RCA, desarrollado por los ingenieros estadounidenses Harry F. Olson y Herbert Belar. Su sistema de generación de sonido a dos voces consistía en 12 diapasones, estimulados electromagnéticamente. Por primera vez, el instrumento ofrecía opciones de procesamiento de señal relativamente sofisticadas. La señal de salida del generador de sonido podía controlarse mediante altavoces y, lo que es más sorprendente, grabarse directamente en dos discos. Un único motor alimentaba los dos platos y la unidad de control del Mark 1. El sintetizador se controlaba mediante información perforada en un rollo de cinta de papel, que permitía la automatización continua del tono, el volumen, el timbre y las envolventes. Era extremadamente complicado de utilizar e inestable, y tocarlo de forma espontánea resultaba imposible.